
A veces nos vienen recuerdos de cosas malas que nos han pasado y a ellos se suman las preocupaciones diarias, hasta al punto en el que nada parece tranquilizarnos. Entonces uno le grita a esos pensamientos, como el vecino harto del ruido que viene del piso de al lado: “¡Silencio! ¡Quiero estar en paz!”. Pero el problema está en nosotros.
Leemos en Proverbios lo siguiente:
“Conserva el buen juicio; no pierdas de vista la discreción. Te serán fuente de vida, te adornarán como un collar. Podrás recorrer tranquilo tu camino, y tus pies no tropezarán. Al acostarte, no tendrás temor alguno; te acostarás y dormirás tranquilo. No temerás ningún desastre repentino, ni la desgracia que sobreviene a los impíos.”
PRoverbios 3.21-25 NVI-CST
En otras palabras: la sabiduría de Dios nos trae paz. Y el principio de la sabiduría, como dice el libro de Proverbios, es el respeto y reverencia a Dios. Es reconocer que Dios es quien nos da todo lo que necesitamos. Eso nos trae esperanza, porque sabemos que hay alguien pendiente de nosotros, que nos cuida, que nos guarda, que nos da la tranquilidad para que durmamos bien y no nos desesperemos cuando vengan los problemas, las crisis, las pandemias, ni nada por el estilo.

